Según datos de diciembre de 2005 del Instituto Nacional de Estadística español, el 82,7% de las personas sin hogar son varones. La edad media de este colectivo es de 37,9 años y sus ingresos medios son de 302 euros al mes.
Además:
*Toda de esta población tiene hijos (46%), aunque sólo una décima parte vive con ellos.
*El 30% de las personas sin hogar es abstemia y nunca ha consumido drogas.
*El 37,5% lleva más de tres años sin alojamiento propio.
*La mitad de la población sin hogar busca trabajo.
*El 51,8 % son españoles y el 48,2 % extranjeros
*Los extranjeros sin hogar llevan, de media, tres años y siete meses en España y un año y once meses en la comunidad autónoma donde se les ha localizado.
martes, 6 de mayo de 2008
El perfil de las personas sin hogar
CAUSAS DE LA MENDICIDAD
Se suele incidir en que las razones por las que estas personas se encuentran en esta situación son rupturas de lazos de tres tipos:
Ruptura de lazos familiares y personales. No tienen una relación habitual o no mantienen ya ningún contacto con su familia directa e indirecta. Puede deberse a la muerte de uno o varios miembros, a una pelea familiar, a la distancia que les separa, a una adicción, a una enfermedad o trastorno físico o mental, etcétera.
Ruptura de lazos laborales. Las personas sin hogar no tienen empleo o no tienen un empleo fijo que les proporcione ingresos estables. Aunque, probablemente, lo tuvieron. Se calcula que un 10% de estas personas tiene incluso estudios universitarios.
Ruptura de lazos sociales. La persona sin hogar (antes o después de serlo) puede perder sus amigos o puede tener dificultades institucionales (problemas judiciales o con la policía). Puede ser un proceso gradual o una ruptura brusca porque sus amigos le den la espalda al no aceptar su indigna situación.
En psicología suele denominarse a estos acontecimientos "sucesos vitales estresantes". Se trata de rupturas que pueden y suelen caracterizarse por tres rasgos:
Son encadenadas, es decir, una ruptura puede conducir a otra. Por ejemplo, la pérdida del trabajo puede provocar que la persona pierda los lazos familiares o, a la inversa, una fuerte ruptura familiar (por una muerte, una pelea, un maltrato, una adicción) le lleva a la persona a perder también el trabajo por no poder realizarlo correctamente debido a sufrir una profunda depresión.
Son traumáticas. Provocan un alto sufrimiento psicológico en la persona, de manera que su voluntad puede verse de tal manera debilitada que no encuentra motivación para volver a rehacer sus lazos y llevar una vida digna. Además, la vida en la calle suele agravar aún más esta apatía.
Son bruscas. Puede que la persona haya vivido varios grandes traumas encadenados y alejados en el tiempo durante su vida, pero probablemente uno de ellos le lleva directamente a la calle. Es decir, vivir en la calle no es algo meditado, sino una solución precipitada para alejarse del dolor o la única opción tras ser expulsada de su lugar de residencia habitual.
Vivir debajo del umbral de la pobreza

Cáritas revela en un estudio que el desarrollo económico de la sociedad española ha aumentado, sin que se reduzca la vulnerabilidad de la infancia nacida en núcleos pobres
El secretario general de Cáritas Española , Silverio Agea, reclama la puesta en marcha de un sistema de protección familiar mucho más amplio en nuestro país para poder combatir la elevada tasa de incidencia de los niveles de pobreza que se dan entre la población infantil. De acuerdo con los datos recogidos en el informe "Familia, Infancia y Privación Social. Estudio de las situaciones de pobreza en España", impulsado por la Fundación FOESSA y Cáritas Española, uno de cuatro niños españoles viven por debajo del umbral de la pobreza, lo que supone que alrededor de 1,8 millones de niños viven en familias cuya renta mensual está por debajo de este umbral.
Junto a Silverio Agea, en la presentación de estudio participaron el responsable del Area de Estudios de Cáritas Española, Víctor Renes, y los autores de la investigación: Luis Ayala y Rosa Martínez, profesores de Economía Aplicada de la Universidad Rey Juan Carlos, y Mercedes Sastre, profesora de la misma disciplina en la Universidad Complutense de Madrid.
Algunas de las conclusiones de la investigación señaladas por Luís Ayala, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Rey Juan Carlos y coautor de esta investigación, confirman que los altos niveles de crecimiento económico registrados en los últimos años, tanto en el conjunto de la UE como en el caso específico de España, no han bastado para reducir sustancialmente las condiciones de vulnerabilidad y riesgo social de los niños pertenecientes a núcleos familiares pobres. En el caso de nuestro país llama la atención que pese a ser uno de los países del mundo desarrollado donde la incidencia de la pobreza infantil es más elevada, no se han diseñado programas específicos para rebajar su alcance ni se le ha dado a la lucha contra la pobreza y la exclusión social de los niños un lugar preeminente entre las prioridades de la intervención pública. Como paradigma de la lucha contra la pobreza infantil en Europa, destaca el caso del Reino Unido, donde la decidida política de protección familiar impulsada en la última década se ha traducido en una mejora notable de las condiciones de vida de la población infantil que estaba bajo el umbral de la pobreza.
Las estimaciones del estudio de Cáritas ponen de manifiesto que la tasa de pobreza infantil en España es mayor que la de la media de la población.
La tasa de pobreza infantil en España es mayor que la de la media de la población
Esta realidad es especialmente acusada en el caso de la pobreza extrema, que afecta mucho más que proporcionalmente a los niños y que corrobora que los menores no han sido los más beneficiados del ciclo expansivo vigente desde mediados de la década de los noventa.
Los principales factores que fomentan esta situación de vulnerabilidad de la infancia tiene que ver, sobre todo, con la fluctuación de la estabilidad laboral y de los salarios de los sustentadores de la familia y con el sistema de prestaciones sociales, cuyo actual modelo concede una menor protección relativa a la infancia que al resto de la población.
Casi uno de cada diez ha experimentado simultáneamente pobreza y privación persistentes, elevándose notablemente este porcentaje en el caso de niños que pertenecen a hogares de elevada dimensión o a familias monoparentales. El hecho, por tanto, de que las situaciones de pobreza y privación persistentes afecten de forma desproporcionada a las familias con niños en España permite subrayar la necesidad de políticas específicas de apoyo a los hogares con menores a su cargo, especialmente si se trata de familias numerosas o con un solo adulto al frente.
La infancia en nuestro país presenta, además, no sólo un mayor riesgo de pobreza que otros grupos de población, sino, también, una mayor cronificación de ésta y una probabilidad más elevada de encontrarse en esa situación en algún momento del tiempo. A diferencia de lo que sucede para la población total, cuando se comparan las cifras con las de la UE-15, la mayor extensión de la pobreza infantil en España se acompaña de una mayor duración en el tiempo. Son mayores, por tanto, las probabilidades de que el mantenimiento de altos niveles de precariedad en la infancia, más prolongados que en otros grupos, se traduzcan en dificultades sociales cuando los niños actuales se conviertan en adultos.
¿Qué es el umbral de la pobreza?
Según el INE, la línea de pobreza o umbral de pobreza se fija en el 60% de la media de la distribución de los ingresos por unidad de consumo adjudicados a las personas. En España, el valor del umbral de pobreza es de 6.278,7 euros al año. Los principales factores que fomentan esta situación de vulnerabilidad de la infancia ?tienen que ver, sobre todo, con la fluctuación de estabilidad laboral de los sustentadores de la familia y con el sistema de prestaciones sociales, cuyo actual concede una menor protección relativa a la infancia que al resto de la población?, señala la organización.
Datos alarmantes
Según el secretario general de Cáritas Española, Silverio Agea, el hecho de que estos resultados se hayan mantenido en un contexto general favorable para la mejora de las condiciones de los hogares con niños lleva a insistir en ?la necesidad de dotar de una intensidad protectora mucho mayor a la red de servicios y prestaciones destinadas a mejorar el bienestar de la infancia?.
- Uno de cada cinco residentes en España vive por debajo del umbral de la pobreza
- La tasa de pobreza es mayor en el caso de las mujeres (20,9%) que en el de los hombres (18,6%)
- Los grupos más afectados por la pobreza relativa son las personas de 65 o más años (con una tasa del 29,4%) y los menores de 16 años (cuya tasa es del 24,2%), según la Encuesta de Condiciones de Vida 2005 del Instituto Nacional de Estadística (INE).


Un techo por derecho

Según Cáritas, en España hay cerca de 30.000 personas sin techo
La celebración del día de los “sin techo”, el domingo 21, nos proporciona una buena ocasión para reflexionar sobre la grave situación por la que atraviesa un gran número de personas, a pesar de su condición de ciudadanos de pleno derecho de un país económicamente desarrollado como es el nuestro. Una persona sin techo es aquella que carece y no tiene acceso a un alojamiento digno, estable y adecuado a su situación. Según esta definición, las personas a las que nos referimos no quedan reducidas solamente a los que viven literalmente en la calle, alternando con albergues nocturnos (“sin techo”), y a aquellas otras que están sin casa porque, por diversas circunstancias, se ven forzados a vivir en instituciones, centros de acogida o refugio, pisos tutelados, etc. Las cerca de 30.000 personas que, según el último estudio de Cáritas, se encuentran en esta situación en España, son solamente la punta de un iceberg sumergido de dimensiones bastante mayores.
E S PACIO EXCLUSIVO
Si consideramos que el hecho de tener un hogar incluye la necesidad de poder disfrutar de un espacio exclusivo (no compartido por obligación), que garantice nuestro derecho a la intimidad y facilite nuestras relaciones sociales, y que además reúna unas mínimas condiciones en relación con el espacio, la higiene y los servicios, tendríamos que añadir al número anteriormente citado el de aquellas personas que viven en alojamientos precarios (locales “ocupados”, pensiones ínfimas, en casa de amigos o familiares de manera temporal, en caravanas situadas en emplazamientos ilegales, etc.).
La persona sin hogar no nace, se hace. Es una situación a la que se llega por una serie de circunstancias que se encadenan. Las causas inmediatas son las que provienen de la pérdida de los tres soportes fundamentales que mantienen la vida de una persona: económico, afectivo y espiritual. El soporte económico se pierde por falta de trabajo, jubilación anticipada, pensión insuficiente, ruina empresarial, etc. El soporte afectivo falta en caso de ruptura conyugal, violencia domestica, disputas familiares, pérdida de amigos y de apoyo social después de crisis personales o por traslado de ciudad… El soporte espiritual se tambalea en las crisis psicológicas que pueden acompañar a etapas de la adolescencia, consumo de alcohol o drogas, ludopatía, enfermedad mental, etc. Habría que añadir aquí un nuevo soporte: el que
deben proporcionar las instituciones, y que no se da, en muchos casos, a la salida de la cárcel, de hospitales psiquiátricos y orfelinatos.
De la escasa participación de las Administraciones, nos da cuenta el hecho de que el 73% de los centros que atienden a las personas sin hogar son de titularidad privada, siendo las personas que trabajan en ellos voluntarios en su mayoría. La inversión pública en estos centros ha disminuido en cinco años de 18 a 12 euros por persona y día. Las prestaciones más frecuentes son la acogida, alojamiento, orientación y alimentación, siendo muy escasas las dirigidas a lograr la inserción social (talleres, orientación laboral y psicológica...).
viernes, 25 de abril de 2008
La nueva despensa de los necesitados

martes, 22 de abril de 2008
¿Reinserción?
Por eso es fundamental ir trabajando los aspectos sencillos de convivencia, que nosotros hemos ido aprendiendo a lo largo de nuestra vida en el entorno más íntimo que ellos no han tenido. Esto significa que tenemos que respetar sus ritmos de aprendizaje. Tener muy claro que mi ritmo no es el de los demás. También tenemos que ser conscientes de que años y años de vivir en la calle no pueden recuperarse en un mes, ni en dos, ni siquiera en un año.
Vale la pena crear espacios de convivencia donde se fomente el respeto y la tolerancia hacia la diferencia. La sociedad no cambia en función de montajes espectaculares. Los grandes cambios sociales han llegado siempre de manera desapercibida a partir de las pequeñas cosas que hace cada uno. Si somos capaces de ir creando un entorno que acepte al otro con la única pretensión de ver una persona, posiblemente con mucho sufrimiento a sus espaldas, contribuiremos a crear espacios de convivencia aptos para todos...
¿Los conocemos?

Cuando hablamos de una persona Sin techo nos imaginamos un individuo sucio, mal vestido, que huele muy mal y va arrastrando unos cartones medio rotos. Pensamos quizás en un individuo hecho polvo, agarrado a un "tetrabrick" de vino y que habla en voz alta desvariando. Hasta alcanzamos a verlo durmiendo en los soportales de alguna iglesia o en algún cajero automático, cuando no lo esquivamos o desviamos la mirada para no sentirnos afectados. Lo que define a esta persona es la falta de un techo.
Si hablamos de una persona Sin hogar, también nos referimos a aquellas personas que si bien tienen un techo en el sentido literal de la palabra les falta todo lo que supone vivir en un hogar verdadero. Malviven quizás en algún albergue o en una pensión barata de ésas que se pretende eliminar para "poner guapa" a la ciudad. Pero carecen de las mínimas condiciones de vivienda que les permitan vivir con dignidad, el calor de una familia, el apoyo de un grupo de amigos... Hay muchas personas que son Sin hogar, pero están ocultas puesto que la soledad, el sufrimiento y la angustia se pueden disfrazar. Pero no por ello su situación deja de ser un auténtico drama.
Es difícil encontrar en los medios de comunicación alguna noticia que haga referencia a las personas Sin hogar, a no ser para hablar de algún acto violento o de alguna muerte –digo, alguna porque de la mayor parte de las muertes de los pobres y de los excluidos ni se habla–.